Llegué, llegué al Ecuador, tardó unas horas pero al final lo hice, viajé y no me pasó nada.
El viaje fue bueno, de Copenhague a Madrid ningún retraso, luego al llegar a Madrid tocó esperar un par de horas (5 horas en realidad) pero fueron aceptables, mi esposo se encargó de animarme y hacerme sonreír.
En el momento de pasar por el control de pasaportes la española me ha mirado y sonriendo me dice: Usted si que no se pierde ese vuelo por nada del mundo, eh?
Claro que no me lo iba a perder, he esperado mucho tiempo este momento y nadie iba a impedir que me subiera a ese avión. La mujer lo dijo porque yo pasé por el control cuando aún faltaban 4 horas para subir realmente al avión J
Esperando ya en la sala antes de abordar una noticia nos abordó: Querían nuestros pasajes para NO SE QUE cosa. Se los dimos, pero lo que no nos imaginábamos era que era para cambiarnos de puestos.
Antes de abordar oímos: Pueden pasar señores, van a ir en PRIMERA CLASE!
Una sonrisita de idiotas se nos pintó en la cara y subimos aún muy incrédulos, pero una vez adentro nos dimos por convencidos, si, realmente y gracias aun golpe de suerte nos habían cambiado los puestos y ahora íbamos a viajar como REYES!
Agradecí a mi abuelito, mi nuevo angelito que seguro habrá tenido algo que ver con esta sorpresita. Ni Markus ni yo habíamos viajado en primera clase así que para nosotros era algo nuevo, tantos botones no son normales y de alguna u otra manera tocaba ponerse a manosear lo que teníamos en frente.
Aplasta aquí aplasta allá, risas y más risas, parecíamos dos incultos intentando aparentar saber de buenos modales. Ni bien sentarnos los mimos empezaron, que aguita, que si esto que si lo otro… y bueno, había que aprovechar el golpe de suerte y usar TODO lo que nos brindaban.
Comimos riquísimo pero intenté no abusar porque unas horas antes de subir al avión nos habíamos mandado unas hamburguesitas y pues no tenía mucha hambre.
Yo soy bien “cholita”, siempre lo he dicho, no me gustan los grandes lujos y en esta ocasión era más para reírse de todo así que por no desperdiciar me comí la mitad del postre que por cierto estaba DELICIOSO!
Lastimosamente comida de ricos no me sienta bien y terminé viendo diablitos cuando luego de 4 horas desperté en el medio del atlántico. Tenía unas ganas de vomitar terribles y unas ansias de llegar al Ecuador como no tienen idea.
Pasé 2 horas con una fundita en mis piernas por si acaso se me ocurriera la grandiosa idea de ya ustedes saben. Al final y luego de temblar un poco decidí que era momento de mejorar y entonces me dirigí al bano y me enfrenté cara a cara con mi postre J
Vomité y volví a mi asiento tipo cama. No podía decidirme entre las 45 películas que tenía para elegir ni tampoco entre las 365.000 canciones para oír. La única cosa que me hacía sentir bien era ver por donde veníamos viajando. En la pantallita se mostraba el avioncito, estabamos prontos para entrar en Venezuela.
Markus no pudo dormir más y ambos empezamos a descontar los minutos que faltaban para llegar a casa, a MI CASA!
Pronto estuvimos por Colombia, todos dormían, solo las luces se veían como estrellitas.
De repente dentro del mapa salió algo conocido: ESMERALDAS.
Sentí una alegría que me invadía desde la punta de los pies hasta la punta de la cabeza. Las ganas de vomitar se iban desapareciendo a medida que más nos acercábamos a Ecuador, mi querido y amado Ecuador.
Cuando pasamos por Tulcán hice de la mano a la Kodamita y de ahí en adelante todo fue más sencillo… cuando ya nos dimos cuenta estábamos por Quito, luego por Portoviejo y entonces el avión se acercaba más y más a Guayaquil.
Nuestro avión piso territorio ecuatoriano media hora antes de lo previsto, los aires habían favorecido el viaje y el mismo capitán estaba emocionado.
Lloré, el avión intentaba frenar pero yo no sentía miedo, por fin estaba en casa…
La sacada de maletas fue rápido y luego del respectivo control salimos a encontrarnos con la familia.
Un fuerte abrazo y lágrimas y luego en un cerrar y abrir de ojos ya estaba tomando jugo hecho por mamá.
Mi sobrino es más hermoso de lo que había imaginado, al inicio un poco tímidos, pero ahora ambos hemos perdido los miedos y ya nos reímos y nos buscamos con la mirada.
Lo he besado y he gozado como quería. Guayaquil sigue igual de caluroso y amable.
Estoy contenta y gorda, que más puedo pedir? La dieta se ha ido al carajo, hoy pescado frito y amor con hambre…
Y yo sigo aquí disfrutando cada minuto con los míos.
Quiero dar un agradecimiento grande a todos ustedes, gracias por su apoyo y carino especial.
Intentaré escribir cada fin de semana y a penas pueda intentaré darles una vueltita por sus blogs….
El viaje fue bueno, de Copenhague a Madrid ningún retraso, luego al llegar a Madrid tocó esperar un par de horas (5 horas en realidad) pero fueron aceptables, mi esposo se encargó de animarme y hacerme sonreír.
En el momento de pasar por el control de pasaportes la española me ha mirado y sonriendo me dice: Usted si que no se pierde ese vuelo por nada del mundo, eh?
Claro que no me lo iba a perder, he esperado mucho tiempo este momento y nadie iba a impedir que me subiera a ese avión. La mujer lo dijo porque yo pasé por el control cuando aún faltaban 4 horas para subir realmente al avión J
Esperando ya en la sala antes de abordar una noticia nos abordó: Querían nuestros pasajes para NO SE QUE cosa. Se los dimos, pero lo que no nos imaginábamos era que era para cambiarnos de puestos.
Antes de abordar oímos: Pueden pasar señores, van a ir en PRIMERA CLASE!
Una sonrisita de idiotas se nos pintó en la cara y subimos aún muy incrédulos, pero una vez adentro nos dimos por convencidos, si, realmente y gracias aun golpe de suerte nos habían cambiado los puestos y ahora íbamos a viajar como REYES!
Agradecí a mi abuelito, mi nuevo angelito que seguro habrá tenido algo que ver con esta sorpresita. Ni Markus ni yo habíamos viajado en primera clase así que para nosotros era algo nuevo, tantos botones no son normales y de alguna u otra manera tocaba ponerse a manosear lo que teníamos en frente.
Aplasta aquí aplasta allá, risas y más risas, parecíamos dos incultos intentando aparentar saber de buenos modales. Ni bien sentarnos los mimos empezaron, que aguita, que si esto que si lo otro… y bueno, había que aprovechar el golpe de suerte y usar TODO lo que nos brindaban.
Comimos riquísimo pero intenté no abusar porque unas horas antes de subir al avión nos habíamos mandado unas hamburguesitas y pues no tenía mucha hambre.
Yo soy bien “cholita”, siempre lo he dicho, no me gustan los grandes lujos y en esta ocasión era más para reírse de todo así que por no desperdiciar me comí la mitad del postre que por cierto estaba DELICIOSO!
Lastimosamente comida de ricos no me sienta bien y terminé viendo diablitos cuando luego de 4 horas desperté en el medio del atlántico. Tenía unas ganas de vomitar terribles y unas ansias de llegar al Ecuador como no tienen idea.
Pasé 2 horas con una fundita en mis piernas por si acaso se me ocurriera la grandiosa idea de ya ustedes saben. Al final y luego de temblar un poco decidí que era momento de mejorar y entonces me dirigí al bano y me enfrenté cara a cara con mi postre J
Vomité y volví a mi asiento tipo cama. No podía decidirme entre las 45 películas que tenía para elegir ni tampoco entre las 365.000 canciones para oír. La única cosa que me hacía sentir bien era ver por donde veníamos viajando. En la pantallita se mostraba el avioncito, estabamos prontos para entrar en Venezuela.
Markus no pudo dormir más y ambos empezamos a descontar los minutos que faltaban para llegar a casa, a MI CASA!
Pronto estuvimos por Colombia, todos dormían, solo las luces se veían como estrellitas.
De repente dentro del mapa salió algo conocido: ESMERALDAS.
Sentí una alegría que me invadía desde la punta de los pies hasta la punta de la cabeza. Las ganas de vomitar se iban desapareciendo a medida que más nos acercábamos a Ecuador, mi querido y amado Ecuador.
Cuando pasamos por Tulcán hice de la mano a la Kodamita y de ahí en adelante todo fue más sencillo… cuando ya nos dimos cuenta estábamos por Quito, luego por Portoviejo y entonces el avión se acercaba más y más a Guayaquil.
Nuestro avión piso territorio ecuatoriano media hora antes de lo previsto, los aires habían favorecido el viaje y el mismo capitán estaba emocionado.
Lloré, el avión intentaba frenar pero yo no sentía miedo, por fin estaba en casa…
La sacada de maletas fue rápido y luego del respectivo control salimos a encontrarnos con la familia.
Un fuerte abrazo y lágrimas y luego en un cerrar y abrir de ojos ya estaba tomando jugo hecho por mamá.
Mi sobrino es más hermoso de lo que había imaginado, al inicio un poco tímidos, pero ahora ambos hemos perdido los miedos y ya nos reímos y nos buscamos con la mirada.
Lo he besado y he gozado como quería. Guayaquil sigue igual de caluroso y amable.
Estoy contenta y gorda, que más puedo pedir? La dieta se ha ido al carajo, hoy pescado frito y amor con hambre…
Y yo sigo aquí disfrutando cada minuto con los míos.
Quiero dar un agradecimiento grande a todos ustedes, gracias por su apoyo y carino especial.
Intentaré escribir cada fin de semana y a penas pueda intentaré darles una vueltita por sus blogs….
Muchos saludos desde GUAYAQUIL.









